miércoles, 20 de agosto de 2014

Remedios contra la Partidocracia

Remedios para reducir los impactos negativos de la “Partidocracia”.

Juan Benito Coquet

Dado que la partidocracia, tal como la hemos definido en este escrito, es una forma degenerada de gobierno, un conjunto de mecanismos perversos para socavar a las instituciones y una especie de cáncer que privatiza los intereses públicos, es susceptible de vacunación. Aplicar correctivos, tanto institucionales como actitudinales, puede hacer de la partidocracia una situación transitoria hacia un régimen de “democracia fuerte”. Por “democracia fuerte” entendemos un sistema democrático encendido con nuevas vías de participación política de los ciudadanos, instituciones suficientemente flexibles como para favorecer la solución de diferendos por vías civilizadas y siempre temporales, una amplia y eficaz contraloría social para supervisar no solamente el uso de recursos públicos en proyectos de obra pública, sino también como el funcionamiento de redes ciudadanas para denunciar y combatir la corrupción.

La partidocracia se debilitaría de un manera sensible con una reforma electoral que no ha querido hacerse: la imposición de un sistema de “mayoría absoluta (con segunda vuelta de ser necesario). Precisamente, la partidocracia florece en regímenes pluripartidistas donde se elige a un gobierno minoritario, en el que más de la mitad de los ciudadanos votaron en contra. Estos gobiernos “minoritarios”, esto es, que recibieron menos de la mitad de los votos efectivos, carecen de legitimidad. Pueden ser legales pero no legítimos. Y es justamente esa carencia de legitimidad lo que abre la brecha de desconfianza de los ciudadanos en las instituciones. Los gobiernos de mayoría relativa paradójicamente se convierten en rehenes de la “mayoría minoritaria”. La resultante es un gobierno dividido con serias dificultades para generar consensos y cada vez más proclive a realizar pactos concesionarios con los partidos y sus clientelas interesadas.

El principal argumento que utilizan los críticos del sistema de mayoría absoluta es que éste afecta el principio de representación. La decisión mayoritaria contiene en sí misma distorsiones relacionadas con la discrepancia entre el número de votos obtenidos y las posiciones parlamentarias obtenidas. La mayoría parece tener una plusvalía que la amplifica. No obstante, estas desviaciones se corrigen con el principio de representación proporcional, que protege los derechos y espacios de las minorías. El otro argumento que se esgrime consiste en afirmar que el principio de mayoría absoluta lleva al bipartidismo y la exclusión de minorías.

Nosotros pensamos que la mayoría absoluta es la mejor herramienta dentro de un sistema presidencialista para la formación de coaliciones, no solamente a nivel legislativo sino también en la composición del gobierno.

Además de dar origen a un régimen de mayorías de estables, con capacidad para llevar a cabo un programa explícito de gobierno que fue preferido por la mayoría de los ciudadanos, el principio de mayoría absoluta inhibe los chantajes de los partidos minoritarios o de la llamada “tercera fuerza” excluida en ‘segunda vuelta’. Esto significa que proporciona legitimidad y eficacia a los gobiernos.
Otra virtud del principio de mayoría absoluta es que otorga una segunda vuelta electoral cuando en la elección original ninguna de la fuerzas políticas obtiene la mayoría absoluta (la mitad más uno) de los votos. Esa segunda vuelta es el elemento que invita a la formación de coaliciones para obtener la mayoría absoluta. Y es de este esquema que pueden surgir combinaciones muy interesantes y en el que los ciudadanos pueden tener mayores elementos de juicio para decidir. Lo usual es que el partido que obtuvo la mayoría de los votos, pero no la absoluta, se coaligue en la segunda vuelta con el partido que obtuvo menos votos, pero los suficientes para sumar la mayoría absoluta. Pero también pude suceder lo contrario, que los partidos más pequeños de alíen contra el grande.

Algunos teóricos americanos opinan que la elección para integrar el Congreso se haga en la misma fecha en que se realice la segunda vuelta en el elección presidencial, precisamente para que ésta última arrastre a la primera hacia un resultado más congruente.

Es en el Congreso donde la partidocracia hace nido. Por eso es importante que prevalezca una mayoría estable y bien cimentada que evite los chantajes y las negociaciones tras bambalinas, que le de mayor claridad y dirección al proceso legislativo y sobre todo, a las reglas del juego político.

Por otra parte un régimen de mayoría absoluta es absolutamente responsable de cara al electorado activo. Si falla o no opera conforma a lo ofrecido, dicho gobierno es inmediatamente sancionado en el elección intermedia.

Las ventajas de un sistema electoral de mayoría absoluta sobre uno de mayoría relativa y supuesto equilibrio entre fuerzas políticas divergentes, supera en buena medida sus inconvenientes. El valor de la legitimidad suele ser determinante para la credibilidad de los ciudadanos en los procesos electorales. Cuando alguien vota por un presidente y su propuesta, es obvio que desea un congreso donde prevalezca una mayoría favorable a esa propuesta.

Los promotores de la subcultura de la partidocracia, siempre insistirán en que la mayoría absoluta tergiversa el principio de una sana división y equilibrio entre los poderes del Estado; que hace a los presidentes todopoderosos y a los legislativos sumisos. Sin embargo, un buen arreglo institucional, con un sistema legal de pesos y contrapesos, puede disipar ese riesgo.

A mediano plazo siempre será mejor la eficacia de un gobierno que su parálisis por falta de acuerdos. Una ventaja adicional que le podemos atribuir al sistema de mayoría absoluta es que hace más claras las diferencias ideológicas y programáticas entre los competidores, mantiene más vivas las diferencias que hacen plural a una sociedad.

Otro alegato de los relativistas se refiere al costo económico que supone una segunda vuelta. Dicho costo puede reducirse significativamente si la elección en segunda vuelta se realiza  a más tardar un mes, después de la primera elección donde ninguna fuerza política obtuvo la mayoría política.

En otro orden de ideas, otro remedio que puede aplicarse sobre la partidocracia es elevar el componente deliberativo del sistema institucional. Esto significa voltear el foco de las decisiones importantes hacia los ciudadanos. Pero en esta ocasión le agregamos un procedimiento que garantiza libertad e igualdad política a los participantes, proporciona elementos informativos y de conocimiento que favorecen una decisión política más consciente y va creando un cultura de compromiso democrático en los ciudadanos.

Discutir antes que decidir.
Conocer las opiniones diferentes de las nuestras.
Allegarnos de mayores elementos informativos y de conocimiento para decidir algo que afectará a todos por igual.

No basta entonces con tener una consulta popular con efectos vinculatorios para la autoridad, donde los ciudadanos sólo pueden decir sí o no, dentro de un proceso manipulado por minorías políticas inconformes. No basta con una iniciativa ciudadana que con cientos de miles de firmas envía un proyecto de ley o decreto al Congreso que de todas formas este puede modificar.


En suma, la mejor vacuna contra el virus de la partidocracia es una mayoría absoluta con fuerte componente democrático y deliberativo.

martes, 12 de agosto de 2014

Partidocracia (3a Parte)

El mecanismo perverso de los partidos.

Lo ideal en una democracia es que, en el momento que un partido arriba al poder, constituya un gobierno que sea capaz y tenga la voluntad política para imponer el interés público por encima de los intereses particulares o ideológicos originales de ese partido; que sepa defender los intereses nacionales en una escala superior a los vaivenes internacionales y las pugnas locales.
La soberanía del Estado o Nación deja de ser un concepto abstracto para convertirse en algo real, cuando se expresa en una vertiente procedimental de participación de la sociedad en las decisiones del gobierno, a través de las fuerzas de la opinión pública y de la movilización social si no existen canales de participación directa como el plebiscito y el referéndum.
Las democracias se vuelven funcionales cuando existe un equilibrio entre los intereses de los actores políticos, económicos y sociales, cuando los gobiernos aplican políticas de Estado y dejan atrás las consignas de partido.
La democracia mexicana se ha tornado en un sistema ineficaz para la toma de decisiones de impacto colectivo e interés general, precisamente por la interferencia de los partidos en los gobiernos como si estos fueran clubes de cuotas para cada uno de ellos, según su peso electoral.
Una vez reducida y disminuida la presidencia mexicana por las reformas de los últimos años, lo que queda para representar y hacer valer los intereses de la población en su conjunto es el Congreso o asamblea, asediados por los intereses y líneas de los partidos. Estos han dejado de ser intermediarios eficaces entre los ciudadanos y el poder político para facilitar el acceso de éstos a las responsabilidades públicas y se han transformado en empresas de grupos interesados o incumbentes – en la terminología americana -, cuyo fin primordial es la lucha cruda por el poder para acceder a los privilegios que otorga un Estado que a su vez se ha transformado en un ente concesionario y pactista hacia los intereses privados de los socialmente poderosos.
Los partidos como tales, no son entidades “monocráticas” y unipersonales, son, en las más de las ocasiones, mezclas de intereses que se orientan bajo una lógica perversa que gradualmente va infectando a las instituciones públicas. El componente programático de los partidos como organizaciones promotoras de la conservación o el cambio, según sea el caso, ha cedido su lugar al más oscuro pragmatismo que no persigue cambios en lo político sino más bien resultados o desenlaces en posiciones electorales que, al mismo tiempo, les proporcionan recursos públicos para obtener posiciones políticas y con ellas, generar nuevamente recursos adicionales para conservar el poder en un ciclo interminable. Ahí radica la perversidad de esta lógica sistémica.
Los partidos en la actualidad, y no es el caso privativo de México, ya no son organizaciones de ciudadanos sino de grupos en competencia por el poder y los recursos económicos y logísticos que este genera.
Este franco debilitamiento institucional ha sido uno de los factores que han provocado el fenómeno que los norteamericanos llaman estado fallido (concepto reseñado en otro capítulo de este libro), porque perciben en nuestro país a un gobierno que ha perdido terreno y jurisdicción sobre diversas partes del territorio nacional que han caído en manos de la delincuencia organizada que hace las veces de un gobierno de “terror”; porque han medido la escasa capacidad de respuesta de los cuerpos de reacción del estado y perciben una política social insuficiente y clientelar que ya no amortigua los golpes de la crisis económica, sobre todo en los segmentos más desprotegidos de la población. Los analistas del Norte también señalan a un Estado sumiso a los monopolios económicos, inerme ante los embates y presiones de las televisoras, radiofónicas, telefónicas y demás parafernalia de negocios obtenidos al amparo de gobiernos y partidos que son cómplices y socios de las oligarquías: ya no se sabe bien quién gobierna realmente a México.
Es en este terreno donde se manifiesta otro signo de la lógica perversa que mueve a los partidos. Hay muchos espacios de poder en la República que se encuentran en franca disputa entre los partidos, las corporaciones económicas y aún, grupos de la delincuencia organizada que compran e imponen autoridades a su antojo.

Echemos un vistazo al caso de los llamados organismos autónomos, donde es visible la disputa entre el gobierno, los partidos y las corporaciones o grupos por las decisiones finales y dónde estas decisiones son aplazadas muchas veces y se avanza poco en sus objetivos regulatorios.
Juan Benito Coquet

lunes, 11 de agosto de 2014

Los Sondeos Deliberativos

LOS SONDEOS DELIBERATIVOS: una nueva modalidad de consulta pública ciudadana que corrige los vicios de la desinformación y manipulación de la opinión pública.-
 Juan Benito Coquet
Introducción.

La propuesta más avanzada y práctica de política deliberativa a nivel internacional son los llamados “sondeos deliberativos” (deliberative pools) del Profesor James S. Fishkin de la Universidad de Texas en Austin.
El primer sondeo deliberativo (DP) fue celebrado en Gran Bretaña en 1984 sobre política criminal y desde entonces se han celebrado más de 30 eventos de esta naturaleza en diversas partes del mundo, incluyendo sondeos deliberativos de gran interés como el celebrado en China en el año 2006 alrededor de proyectos de infraestructura en una provincia, así como el realizado en Irlanda del Norte con la participación de católicos y protestantes alrededor de cuestiones educativas, también en esta primera década del milenio. Dos más recientes fueron celebrado a nivel multinacional, bajo el marco de la Unión Europea, en 2007 y 2009, respectivamente.
La idea básica que subyace a los sondeos deliberativos como experimentos democráticos, es el investigar lo que sucedería a las opiniones de los ciudadanos ordinarios si éstos experimentaran condiciones favorables para considerar las cuestiones. Estas condiciones favorables incluyen:

a)    una atmósfera de mutuo respeto donde sea posible el diálogo;
b)    materiales informativos breves y balanceados para los participantes;
c)     la oportunidad de plantear preguntas a expertos o políticos;
d)    discusiones con moderador en grupos pequeños, y
e)    la motivación efectiva para participar en el experimento.

Los sondeos deliberativos parten de un microcosmos de ciudadanos seleccionados a partir de una muestra estadística ponderada que garantice su carácter representativo de la sociedad o comunidad consultada, como si se tratara de una encuesta ordinaria. El número de participantes en un sondeo deliberativo puede variar de acuerdo con el universo a consultar o en función de las características del tema discutir, oscilando entre 150, 350 y hasta 500 participantes.
El sondeo deliberativo combina la representatividad de la población (vía la igualdad política asegurada con la muestra científica) y la deliberación. Es una representación de lo que el público pensaría si tuviera la oportunidad de discutir los asuntos antes de tomar una decisión, bajo las condiciones descritas anteriormente.
Cada sondeo deliberativo requiere ser evaluado comparando a los participantes con los que no participan, mediante lo que se denomina un grupo de control.

Mecánica del Sondeo Deliberativo.

1)    Se invita a un grupo de “n” ciudadanos a participar en el sondeo. Junto con la invitación se les envía un cuestionario de entrada con preguntas de actitud y conocimiento sobre el tema a discutir. De ese grupo de “n” ciudadanos se selecciona a los participantes en función de su representatividad para la muestra estadística ponderada, así como su interés para participar en el sondeo. La invitación es para asistir un  fin de semana a un lugar designado para llevar a cabo el evento que reúna las condiciones de seguridad necesarias para la discusión igualitaria, libre y no restringida entre los participantes. Una vez que han sido seleccionados los participantes y reunidos en el lugar del evento, se les proporciona un material informativo breve, conciso y balanceado (en torno a propuestas alternativas) sobre el tema a discusión. Asimismo se les divide aleatoriamente en grupos de 15 ciudadanos cada uno para iniciar las discusiones, las cuales son conducidas por un moderador entrenado para que nadie monopolice la discusión o que se queden voces sin ser escuchadas; en suma, para garantizar las condiciones favorables a la discusión. Cabe mencionar que en todos los sondeos deliberativos del Prof. Fishkin se ofrece a los participantes un emolumento de 150 dólares para motivar su asistencia, se les facilitan las condiciones para su transportación si viven lejos y se pagan todos los gastos de su acomodamiento durante el fin de semana.
2)    El primer día del sondeo se dan las sesiones entre los pequeños grupos de discusión en las que se fijan los puntos de vista de cada participante y cuyo objeto básico es encontrar las preguntas pertinentes al panel de expertos o políticos que estará presente al día siguiente para contestar esas interrogantes. Como ejemplo, si el universo total de participantes es de 150 ciudadanas y ciudadanos, habrá diez pequeños grupos de discusión participando simultáneamente en salones diferentes.
3)    En el segundo día del evento se lleva a cabo una sesión plenaria con todos los participantes y el panel de expertos o políticos. De los pequeños grupos de discusión se han seleccionado previamente los participantes que formularán las preguntas a los expertos o políticos. Previamente a las preguntas estos especialistas o hacedores de políticas hacen una exposición breve de su perspectiva ante los presentes, para que posteriormente tenga lugar la sesión de preguntas y respuestas.
4)    Durante el tercer y último día del evento los pequeños grupos de discusión se reúnen de nueva cuenta para llenar un cuestionario de salida, que básicamente es el mismo que el de entrada con algunas variaciones para medir de mejor manera el cambio de opiniones respecto de la posición inicial de los participantes. Por la tarde se realiza otra sesión plenaria para recibir los cuestionarios. En caso de tratarse de una consulta resolutiva se proporcionan boletas a los participantes para que realicen una votación directa y secreta sobre el tema discutido y su opción preferida.
5)    El sondeo al grupo de control (ciudadanos que no participan) puede realizarse al principio en la muestra general de invitados con el cuestionario inicial respondido. Solamente sirve para efectos de comparación.

Balance General de los Sondeos Deliberativos.

-       Son una herramienta costosa pero muy útil para conocer la opinión considerada de la población sobre determinado tema de interés público como puede ser una campaña política, la selección de los candidatos en la contienda, las tarifas y fuentes de energía, los proyectos de infraestructura, el contenido de determinadas políticas públicas; la política criminal; la educación, el medio ambiente, etc.
-       El microcosmos deliberativo logrado con una muestra científica de la población es tan representativo como puede ser una encuesta ordinaria, solamente que sus resultados son cualitativamente diferentes desde la perspectiva de una discusión razonada y libre del tema. Este muestreo se lleva acabo no solamente para tener un reflejo fiel de la opinión pública, sino también para asegurar la igualdad política entre los participantes; personas de diferente sexo, edad, condición social y manera de pensar.
-       Un efecto importante en cada uno se los sondeos deliberativos realizados hasta la fecha es que existen significativas diferencias estadísticas entre las respuestas ofrecidas por los participantes y los no participantes sondeados. También se advierten importantes ganancias de información entre los participantes sobre los temas sujetos a discusión. Dichas diferencias resultan de la información proporcionada a los ciudadanos participantes en el sondeo deliberativo, del enriquecimiento de perspectivas que resulta de la discusión en la que se confrontan puntos de vista alternativos y obviamente, de los contenidos recibidos en la sesión con expertos.
-       La deliberación democrática evita al menos tres problemas destacados en el estudio de la opinión pública en los sistemas políticos más avanzados: la ignorancia racional, las opiniones de encabezado y la manipulación mediática.
-       Con el propósito de amplificar el alcance de estos sondeos deliberativos al conjunto de la opinión pública es usual que se transmita en televisión o radio una versión editada de las sesiones y de sus resultados, mostrando sus efectos sensibles sobre la opinión de los participantes.
-       En muchos casos, los sondeos han conducido a cambios en las políticas públicas o en las decisiones políticas de las localidades donde se han celebrado, pues se consideran un magnífico indicador de opinión pública superior a las encuestas o las consultas públicas de interesados.
La utilidad política de los sondeos deliberativos.

De acuerdo con su amplia experiencia en la celebración de sondeos deliberativos de toda clase, el Profesor Fishkin explica que algunos críticos de la deliberación creen que el público es incompetente para deliberar y que está tan apartado de los políticos y la política en general que resultaría imposible motivarlo para participar. Sin embargo, el cuadro que emerge de los sondeos deliberativos y de otras consultas públicas es que “el público sí es capaz de lidiar con asuntos complejos una vez que piensa que su voz es importante, una vez que cree hay una razón para pasar el tiempo y realizar un esfuerzo en una discusión pública, escuchando puntos de vista alternativos.”[1]
Fishkin opina que “el público debe ser consultado acerca de sus prioridades en respuesta a la pregunta “¿qué debería hacerse?”. Sus prioridades son más significativas cuando han sido probadas contra argumentos en competencia acerca de los pros y contras, de los beneficios y cargas, de una política dada comparada con sus alternativas.”[2]
Sin lugar a dudas, la democracia deliberativa es complicada pero reditúa en términos de decisiones más fundadas y juiciosas, donde se valoran las propuestas por sus méritos.
Como medio de consulta pública es más eficaz y legítima que las encuestas ordinarias de opinión o los ejercicios de consulta pública con expertos y ciudadanos puramente interesados en el tema. La deliberación agrega un plus que no tienen las opiniones aisladas.





Los indicadores que miden la calidad de la deliberación.

I.                     INFORMACIÓN: la medida en la cual se da acceso a los participantes a información razonablemente precisa que ellos piensan resulta relevante para la discusión.
II.                   BALANCE SUSTANTIVO: la medida en la cual los argumentos ofrecidos por una parte desde cierta perspectiva son respondidos por consideraciones ofrecidas por aquellos que sostienen otras perspectivas.
III.                 DIVERSIDAD: la medida en la cual las mayores posiciones en el público son representadas por los participantes en la discusión.
IV.                 CONCIENCIATIVIDAD: la medida en la cual los participantes valoran sinceramente los méritos de los argumentos.
V.                   IGUAL CONSIDERACIÓN: la medida en la cual los argumentos ofrecidos por todos los participantes son considerados por los méritos sin importar qué participantes los ofrezcan.

Aplicabilidad en México.

Pensamos que los sondeos deliberativos son muy aplicables en un país como México, donde existe una importante diversidad de perspectivas y formas de pensar entre la población, además de fuertes contrastes sociales. Si los sondeos deliberativos han sido posibles en sistemas políticos no necesariamente democráticos como China y Bulgaria, o en sociedades francamente divididas por las diferencias religiosas como Irlanda del Norte, o por las diferencias étnicas, como Australia, no vemos razón alguna para no ser utilizados en el caso mexicano, donde ya se ha formado un amplia cultura con los sondeos de opinión y sus múltiples limitaciones.
Incluso, dentro de la experiencia de Fishkin y de otros científicos sociales, ha sido posible el desarrollo de sondeos deliberativos en línea por INTERNET (respecto de las primarias para la elección presidencia en los EUA) o en otros formatos, a través de cuestionarios ciudadanos que son procesados de una manera similar la sondeo deliberativo ordinario.
Los temas que se pueden abarcar con los sondeos deliberativos prácticamente cubren todas las vertientes del espectro político – electoral y del ámbito de las políticas públicas e incluso, de la infraestructura y los servicios públicos.



[1] Fishkin, James A.; When the People Speak: Deliberative Democracy and Public Consultation. Oxford University Press, USA, 2009. p. 45
[2] Op.cit.; p.64