lunes, 11 de agosto de 2014

Democracia Deliberativa: una introducción a su sentido

LA DEMOCRACIA DELIBERATIVA: UNA NUEVA FORMA DE CONSULTA PÚBLICA Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA DE LOS CIUDADANOS.
MÉXICO 2014.

INTRODUCCIÓN
Durante las dos últimas décadas del siglo pasado, escenario de la revolución silenciosa de Europa del Este y del retorno a la democracia de diversos países de América Latina, los científicos políticos entraron a un profundo debate para revisar las condiciones de funcionamiento de la democracia representativa en los diferentes regímenes políticos. El propósito fundamental era buscar nuevos caminos para perfeccionar la democracia y enriquecer su contenido de cara a sociedades cada vez más heterogéneas, plurales y complejas, bajo el marco de un proceso de globalización a nivel mundial.
Los académicos se percataron pronto de los déficits en las sistemas democráticos nacionales ante un escenario de continuo cambio y adaptación de instituciones al nuevo ambiente de la globalización económica, pero también de diversificación de las identidades políticas y culturales en las diferentes sociedades del planeta.
En su diagnóstico, la democracia representativa y electoral se había visto debilitada por fenómenos como la masificación, la fragmentación del consenso, la tiranía de las mayorías y el desinterés creciente de los ciudadanos en la política, desprestigiada por la corrupción y la falta de iniciativa y conducción para resolver los problemas globales y locales de las diferentes comunidades nacionales.
La globalización abatió el concepto tradicional de soberanía, lo cual trajo como consecuencia la configuración teórica de un concepto radicalmente diferente de soberanía pero no ausente del debate clásico; un concepto procedimental que concebía a la soberanía como capacidad de autodeterminación de la comunidad política, es decir, la clásica soberanía popular expresada en forma de procedimientos racionales y normativos para la formación de una opinión y voluntad política de los ciudadanos más democrática, no constreñida por los estrechos límites de la representación política en los congresos o asambleas legislativas.
Tomando como modelo la democracia ateniense de hace 2500 años, politólogos, sociólogos, filósofos y comunicadores, desarrollaron el concepto de democracia deliberativa, un tema que se ha convertido hoy en centro del debate internacional para mejorar el funcionamiento y garantizar la permanencia de la democracia en un ambiente internacional de profunda incertidumbre.
Se retomó también el legado de pensadores clásicos que mostraron a la posteridad de occidente la conveniencia de la deliberación como un modo mejor de conducir a la toma de decisiones colectivas fundadas, legítimas y racionales, tales como Jean Jacques Rosseau, John Locke y el máximo exponente de la deliberación, John Stuart Mill.
Surgió entonces una fuerte corriente de pensamiento entre académicos de gran prestigio de diversas latitudes - como Jürgen Habermas (Alemania); John Rawls, Robert A. Dahl, Dennis Thompson, Amy Gutman y Joshua Cohen (Estados Unidos); Jon Elster (Gran Bretaña), y Carlos Nino (Argentina), quienes desarrollaron diferentes teorías alrededor del concepto de democracia deliberativa y reconocieron en ella a un componente esencial de esta forma de gobierno a fin de impulsar una mayor igualdad y participación política de los ciudadanos en los asuntos colectivos.
De manera particular, Bruce Ackermann de la Universidad de Yale y James Fishkin de la Universidad de Stanford, han desarrollado una propuesta procedimental y metodológica para desarrollar lo que denominan deliberative pools, así como un planteamiento práctico para celebrar en los Estados Unidos de América la Fiesta Nacional de la Deliberación, donde la totalidad de los ciudadanos participen en una deliberación sobre el debate entre los candidatos a la presidencia norteamericana durante dos días feriados.
Por su parte, el académico Ethan J. Leib de la Universidad de Pennsylvania ha formulado la propuesta de una rama popular de gobierno que funcione a partir de jurados ciudadanos que discutan y decidan sobre cuestiones públicas trascendentes e incluso, propuestas de ley al Congreso.
Además de las proposiciones aventuradas para modificar y dinamizar el funcionamiento de las instituciones de la democracia liberal, el concepto de democracia deliberativa ha dado pie al desarrollo de investigaciones importantes sobre la variación de las preferencias de los ciudadanos durante los procesos de discusión; sobre los efectos de esta modalidad de participación en la conformación de los valores ciudadanos; sobre la potencialidad de la democracia deliberativa para revitalizar el Estado democrático de Derecho.
Es fundamental que en México difundamos estos nuevos enfoques teóricos y las experiencias exitosas han tenido en diversas partes del mundo, a partir de procesos de deliberación que han involucrado la participación de ciudadanos comunes y corrientes, los cuales han arrojado importantes luces sobre la validez de sus opiniones en relación con temas que tradicionalmente se consideraban demasiado complejos o alejados de la discusión cotidiana. La temática de los foros de deliberación celebrados es muy amplia y está referida a la toma de posición sobre asuntos de trascendencia pública como campañas políticas, medidas de gobierno, asuntos internacionales, proyectos de legislación, temas socialmente relevantes, conflictos, entre otras cosas.

“Trazar un nuevo rumbo democrático que otorgue certidumbre a los ciudadanos, proyecto al Estado y vitalidad a las naciones.”

Deliberar significa discutir con otros en condiciones de civilidad, respeto y consideración hacia las opiniones divergentes, alrededor de temas de interés común. Para que una deliberación sea democrática hay que agregarle la condición de igualdad entre los participantes, además de considerar su efecto de variar las preferencias iniciales de algunos de ellos resultado de la discusión y del intercambio de perspectivas.
El mejor ejemplo de deliberación en cualquier país del mundo con instituciones democráticas es el Poder Legislativo, instancia en la que se discuten los proyectos de ley antes de aprobarlos en votación. Esta última arroja el veredicto de una mayoría, mientras que la deliberación que la precede no tiene otro resultado que haber modificado las preferencias y opiniones iniciales de uno o más participantes en la discusión. Sin esa discusión, la votación probablemente hubiera sido ciega o hubiera estado influenciada por factores externos a la libre voluntad de los participantes.
La esencia de la democracia está más en la deliberación que en la votación, ya que la primera representa la posibilidad cierta de participación en el gobierno en condiciones de igualdad política, en tanto que en la segunda solamente confluye la voluntad final agregada de la mayoría de los participantes.
Algunos autores consideran que la democracia deliberativa se fundamenta en el hecho de que así como los gobernantes deben rendir cuenta de sus actos y justificar sus políticas frente a la población que deben servir, también los ciudadanos deben dar cuenta de sus demandas al gobierno y justificarlas a la luz de la razón y la legitimidad de las mismas.[1]
Sin embargo, implantar la democracia deliberativa en nuestros días no es sino recuperar la herencia de la Atenas clásica de hace dos mil quinientos años, sitio donde se inventó la forma de gobierno conocida como democracia, y donde Pericles describió su esencia de manera incomparable con las siguientes palabras:

“…tenemos una república que no sigue las leyes de las otras ciudades vecinas y comarcas, sino que da leyes y ejemplo a los otros, y nuestro gobierno se llama democracia porque la administración de la república no pertenece ni está en pocos sino en muchos. Por lo cual cada uno de nosotros, de cualquier estado o condición que sea, si tiene algún conocimiento de virtud, tan obligado está a procurar el bien y honra de la ciudad como los otros, y no será nombrado para ningún cargo ni honrado, ni acatado por su linaje o solar, sino tan sólo por su virtud y bondad…Todos cuidan de igual modo de las cosas de la república que tocan al bien común, como de las suyas propias; y ocupados en sus negocios particulares, procuran estar enterados de los del común…Cuando imaginamos algo bueno, tenemos por cierto que consultarlo y razonar sobre ello no impide realizarlo bien, sino que conviene discutir cómo se debe hacer la obra, antes de ponerla en ejecución”. [2]

En el discurso anterior podemos constatar que la esencia de la democracia en la antigüedad era la participación directa de los ciudadanos en el gobierno; que cualquier ciudadano podía ser nombrado para un cargo público (normalmente se hacía por sorteo) y que era menester discutir los proyectos públicos antes de ponerlos en práctica.
La evolución histórica de las sociedades llevó a su agrupamiento en estados, a la concentración del poder y a su crecimiento cuantitativo, lo cual hizo virtualmente imposible sostener la práctica de la democracia directa. Así, la representación política absorbió el derecho natural de los ciudadanos todos a participar en el gobierno. En ella se concentraron las facultades soberanas del Estado – Nación. Sin embargo, durante varios siglos la democracia pasó a segundo o tercer término como forma  de gobierno. Antes que la participación de los ciudadanos en las cuestiones públicas, la primera conquista del parlamentarismo británico en el siglo XVII fue la división o separación de poderes entre el rey, los notables y el pueblo para el ejercicio de la potestad pública, la cual desde aquel entonces se ejerce a través de representantes popularmente electos.
Ha sido hasta la segunda mitad del siglo XX que la democracia ha adquirido un ritmo de avance que parece incontenible en el mundo entero. No obstante, la democracia representativa, si bien responde al reto del tamaño y características de diferenciación de las sociedades actuales, no satisface el reclamo democrático original de la autodeterminación política de la comunidad política, es decir, el ideal de la igualdad política de todos los ciudadanos en la toma de decisiones que a todos afectan de la misma manera. La autodeterminación política no significa otra cosa que el que los ciudadanos de una determinada comunidad puedan darse a sí mismos sus propias leyes.
No es posible que en la actualidad el único espacio para la participación política de los ciudadanos siga siendo la elección directa de gobernantes y representantes cada cierto período de tiempo o, en algunos sistemas, el ejercicio referendatario sobre ciertos asuntos de trascendencia nacional, también con una calidad de eventual y de excepción.
La democracia debe rescatar su sentido original de procedimiento incluyente para la toma de decisiones de impacto colectivo por los miembros de la comunidad política.
Lo importante a destacar es que la deliberación consiste esencialmente en un método para la toma de decisiones de impacto colectivo, a la par de la votación, de la negociación y de otras formas, que involucra tres elementos básicos:

a)    la participación de miembros iguales y libres de una determinada comunidad de intereses;

b)    la discusión y la argumentación racional sobre medios y fines de esa comunidad; y,

c)     la modificación de las preferencias iniciales de algunos miembros de esa comunidad como resultado de la discusión.

Las condiciones propicias para la deliberación son, entonces:

1)    la igualdad de oportunidades de participación de todos los miembros de esa comunidad o colectivo;

2)    la información suficiente a los participantes sobre el tema a debatir;

3)    el respeto a las opiniones divergentes y la discusión sobre bases de argumentación racional.

La deliberación no excluye a otras formas de decisión colectiva como la votación o la negociación. En cualquier sistema de gobierno conviven estas tres formas de decisión, pero la deliberación se sitúa en prelación lógica dado su carácter procedimental para la definición de los cursos a seguir. Sin una discusión previa sobre las ventajas e inconvenientes de votar o de negociar sobre determinado asunto difícilmente puede llegarse a un acuerdo aceptado por todos los participantes.
La votación tiene la enorme ventaja de su sencillez y velocidad para la toma decisiones colectivas. Sin embargo, la votación tiene el grave inconveniente de solamente agregar las preferencias individuales de los participantes aislados, formando mayorías pero no consensos ni acuerdos. Además, el ámbito de alcance de las votaciones es limitado en cuanto a la profundidad y complejidad del asunto dirimido: se reduce a la selección entre opciones múltiples.
La negociación tiene la ventaja de confrontar los intereses en pugna para salir de un conflicto. No obstante, su bilateralidad y la óptica interesada de los participantes no permiten arribar a consensos democráticos, sino a posiciones de “ganador y perdedor” o a “tablas” en la contienda de intereses en pugna.
Finalmente, la deliberación es el tipo de poder ciudadano que se ejerce con mayor racionalidad y conocimiento de causa; confrontando puntos de vista diversos, pero también alentando la identificación de coincidencias fuera de prejuicios y concepciones previas que solamente se modifican con el intercambio creativo de ópticas y preferencias por cada uno de los participantes en la discusión.

BENEFICIOS DEL MODELO DELIBERATIVO DE DEMOCRACIA

  • Innovación en la forma de gobernar
  • Mejoramiento cualitativo del modo de formación de la voluntad y la opinión pública de los ciudadanos.
  • Termómetro más preciso para medir el estado de opinión de una colectividad determinada.
  • Educación democrática a los ciudadanos que los hace revalorar el significado de la vida pública y la política.
  • Las medidas de gobierno sometidas a deliberación previa adquieren una mayor legitimidad.
  • Se autentifica la participación política de los ciudadanos de una manera tangible en las discusiones públicas.
  • Se rescata un concepto procedimental de soberanía popular, devolviendo a los ciudadanos un derecho natural inalienable a la autodeterminación política.
  • El modelo puede mejorar la comunicación entre los ciudadanos y el gobierno, con la justificación pública respectiva de demandas y políticas.
  • Se aminoran los peligros del elitismo y la partidización en las decisiones gubernamentales, ahondando el proceso de democratización del sistema.

LOS TEMAS MÁS COMUNES OBJETO DE DELIBERACIÓN

Campañas políticas y debates entre candidatos.
Reformas políticas, económicas y sociales.
Modificaciones a la Constitución.
Políticas públicas y medidas de gobierno.
Proyectos de infraestructura.
Problemas comunitarios concretos.

Alrededor de estos temas y problemas se puede tejer una red de deliberación que sustente las decisiones políticas en la voluntad política de los ciudadanos, expresada no simplemente a través de votaciones periódicas o referendatarias, sino por medio de discusiones racionales, informadas y libres entre grupos de ciudadanos ordinarios que no sustituyen a la representación política tradicional, sino que la nutren de las legítimas demandas de la población gobernada. La democracia deliberativa no riñe con la democracia representativa y electoral.

PRINCIPALES EXPONENTES DE LA DEMOCRACIA DELIBERATIVA.-

1.   Jon Elster, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia y de la Universidad de Liverpool, y prestigiado autor de libros de sociología, economía y política de fama mundial y obligada consulta. INGLATERRA.
2.      Jürgen Habermas, filósofo alemán de la Escuela de Frankfurt, autor de la Teoría de la Acción Comunicativa y uno de los grandes impulsores de la política deliberativa a nivel mundial. ALEMANIA.
3.  Joshua Cohen, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de Instituto Tecnológico de Massachussets MIT, introducido de lleno en el tema de la deliberación racional. EUA.
4.    James S. Fishkin, titular de la cátedra Patterson - Banister de Gobierno, Leyes y Filosofía de la Universidad de Texas en Austin, creador de los deliberative pools. EUA.
5.    Bruce Ackermann, profesor de Leyes y Ciencia Política de la Universidad de Yale, autor, junto con Fishkin, de la propuesta de Fiesta Nacional de la Deliberación. EUA.
6.   Amy Gutman, profesora de política en el Centro de Valores Humanos de la Universidad de Princeton, autora de un importante esquema teórico de análisis de la democracia deliberativa. EUA.
7.     Dennis Thompson, profesor de Teoría Política de la Universidad de Harvard, comparte el crédito con Amy Gutman de haber logrado el esquema teórico de la democracia deliberativa. EUA.
8.      Helmut Willke, sociólogo funcionalista y profesor de Sociología de la Universidad de Bielefeld, autor de una teoría sobre sistemas corporativos de deliberación y de numerosas obras sobre el Estado contemporáneo. ALEMANIA.
9.      Cass R. Sunstein, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, con importantes contribuciones a la aplicación de la democracia deliberativa a problemas concretos de disenso en la sociedades de nuestros días.
10.   Philippe Schmitter, profesor de la Universidad de Florencia y autor de una propuesta de Asamblea Deliberativa de Ciudadanos. LATINOAMERICA.




Juan Benito Coquet Ramos



[1] Gutmann, Amy and Thompson, Dennis; Why Deliberative Democracy. Princeton University Press, United States of America, 2004; pp. 3 – 7.

[2] Cita tomada del discurso en loor de los muertos de Pericles, registrado en la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides, Libro II, capítulo XVII; Colección Sepan Cuantos, Editorial Porrúa, México, 1980; pp. 83 – 84.

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