LA DEMOCRACIA
DELIBERATIVA: UNA NUEVA FORMA DE CONSULTA PÚBLICA Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA DE
LOS CIUDADANOS.
MÉXICO 2014.
INTRODUCCIÓN
Durante
las dos últimas décadas del siglo pasado, escenario de la revolución silenciosa
de Europa del Este y del retorno a la democracia de diversos países de América
Latina, los científicos políticos entraron a un profundo debate para revisar
las condiciones de funcionamiento de la democracia representativa en los
diferentes regímenes políticos. El propósito fundamental era buscar nuevos
caminos para perfeccionar la democracia y enriquecer su contenido de cara a
sociedades cada vez más heterogéneas, plurales y complejas, bajo el marco de un
proceso de globalización a nivel mundial.
Los
académicos se percataron pronto de los déficits en las sistemas democráticos
nacionales ante un escenario de continuo cambio y adaptación de instituciones
al nuevo ambiente de la globalización económica, pero también de
diversificación de las identidades políticas y culturales en las diferentes
sociedades del planeta.
En su
diagnóstico, la democracia representativa y electoral se había visto debilitada
por fenómenos como la masificación, la fragmentación del consenso, la tiranía
de las mayorías y el desinterés creciente de los ciudadanos en la política,
desprestigiada por la corrupción y la falta de iniciativa y conducción para
resolver los problemas globales y locales de las diferentes comunidades
nacionales.
La
globalización abatió el concepto tradicional de soberanía, lo cual trajo como
consecuencia la configuración teórica de un concepto radicalmente diferente de
soberanía pero no ausente del debate clásico; un concepto procedimental que
concebía a la soberanía como capacidad de autodeterminación de la comunidad
política, es decir, la clásica soberanía popular expresada en forma de
procedimientos racionales y normativos para la formación de una opinión y
voluntad política de los ciudadanos más democrática, no constreñida por los
estrechos límites de la representación política en los congresos o asambleas
legislativas.
Tomando
como modelo la democracia ateniense de hace 2500 años, politólogos, sociólogos,
filósofos y comunicadores, desarrollaron el concepto de democracia
deliberativa, un tema que se ha convertido hoy en centro del debate internacional
para mejorar el funcionamiento y garantizar la permanencia de la democracia en
un ambiente internacional de profunda incertidumbre.
Se
retomó también el legado de pensadores clásicos que mostraron a la posteridad
de occidente la conveniencia de la deliberación como un modo mejor de conducir
a la toma de decisiones colectivas fundadas, legítimas y racionales, tales como
Jean Jacques Rosseau, John Locke y el máximo exponente de la deliberación, John
Stuart Mill.
Surgió
entonces una fuerte corriente de pensamiento entre académicos de gran prestigio
de diversas latitudes - como Jürgen Habermas (Alemania); John Rawls, Robert A.
Dahl, Dennis Thompson, Amy Gutman y Joshua Cohen (Estados Unidos); Jon Elster
(Gran Bretaña), y Carlos Nino (Argentina), quienes desarrollaron diferentes
teorías alrededor del concepto de democracia deliberativa y reconocieron en
ella a un componente esencial de esta forma de gobierno a fin de impulsar una
mayor igualdad y participación política de los ciudadanos en los asuntos colectivos.
De
manera particular, Bruce Ackermann de la Universidad de Yale y James Fishkin de
la Universidad de Stanford, han desarrollado una propuesta procedimental y
metodológica para desarrollar lo que denominan deliberative pools, así como un planteamiento práctico para
celebrar en los Estados Unidos de América la Fiesta Nacional de la Deliberación,
donde la totalidad de los ciudadanos participen en una deliberación sobre el
debate entre los candidatos a la presidencia norteamericana durante dos días feriados.
Por su
parte, el académico Ethan J. Leib de la Universidad de Pennsylvania ha
formulado la propuesta de una rama popular de gobierno que funcione a partir de
jurados ciudadanos que discutan y decidan sobre cuestiones públicas
trascendentes e incluso, propuestas de ley al Congreso.
Además
de las proposiciones aventuradas para modificar y dinamizar el funcionamiento
de las instituciones de la democracia liberal, el concepto de democracia
deliberativa ha dado pie al desarrollo de investigaciones importantes sobre la
variación de las preferencias de los ciudadanos durante los procesos de
discusión; sobre los efectos de esta modalidad de participación en la
conformación de los valores ciudadanos; sobre la potencialidad de la democracia
deliberativa para revitalizar el Estado democrático de Derecho.
Es
fundamental que en México difundamos estos nuevos enfoques teóricos y las
experiencias exitosas han tenido en diversas partes del mundo, a partir de
procesos de deliberación que han involucrado la participación de ciudadanos
comunes y corrientes, los cuales han arrojado importantes luces sobre la
validez de sus opiniones en relación con temas que tradicionalmente se
consideraban demasiado complejos o alejados de la discusión cotidiana. La
temática de los foros de deliberación celebrados es muy amplia y está referida
a la toma de posición sobre asuntos de trascendencia pública como campañas
políticas, medidas de gobierno, asuntos internacionales, proyectos de
legislación, temas socialmente relevantes, conflictos, entre otras cosas.
“Trazar un
nuevo rumbo democrático que otorgue certidumbre a los ciudadanos, proyecto al
Estado y vitalidad a las naciones.”
Deliberar
significa discutir con otros en condiciones de civilidad, respeto y
consideración hacia las opiniones divergentes, alrededor de temas de interés
común. Para que una deliberación sea democrática hay que agregarle la condición
de igualdad entre los participantes, además de considerar su efecto de variar
las preferencias iniciales de algunos de ellos resultado de la discusión y del
intercambio de perspectivas.
El mejor
ejemplo de deliberación en cualquier país del mundo con instituciones
democráticas es el Poder Legislativo, instancia en la que se discuten los
proyectos de ley antes de aprobarlos en votación. Esta última arroja el
veredicto de una mayoría, mientras que la deliberación que la precede no tiene
otro resultado que haber modificado las preferencias y opiniones iniciales de
uno o más participantes en la discusión. Sin esa discusión, la votación
probablemente hubiera sido ciega o hubiera estado influenciada por factores
externos a la libre voluntad de los participantes.
La
esencia de la democracia está más en la deliberación que en la votación, ya que
la primera representa la posibilidad cierta de participación en el gobierno en
condiciones de igualdad política, en tanto que en la segunda solamente confluye
la voluntad final agregada de la mayoría de los participantes.
Algunos
autores consideran que la democracia deliberativa se fundamenta en el hecho de
que así como los gobernantes deben rendir cuenta de sus actos y justificar sus
políticas frente a la población que deben servir, también los ciudadanos deben
dar cuenta de sus demandas al gobierno y justificarlas a la luz de la razón y
la legitimidad de las mismas.[1]
Sin
embargo, implantar la democracia deliberativa en nuestros días no es sino
recuperar la herencia de la Atenas clásica de hace dos mil quinientos años,
sitio donde se inventó la forma de gobierno conocida como democracia, y donde
Pericles describió su esencia de manera incomparable con las siguientes
palabras:
“…tenemos una república que no sigue las
leyes de las otras ciudades vecinas y comarcas, sino que da leyes y ejemplo a
los otros, y nuestro gobierno se llama democracia porque la administración de
la república no pertenece ni está en pocos sino en muchos. Por lo cual cada uno
de nosotros, de cualquier estado o condición que sea, si tiene algún
conocimiento de virtud, tan obligado está a procurar el bien y honra de la
ciudad como los otros, y no será nombrado para ningún cargo ni honrado, ni
acatado por su linaje o solar, sino tan sólo por su virtud y bondad…Todos
cuidan de igual modo de las cosas de la república que tocan al bien común, como
de las suyas propias; y ocupados en sus negocios particulares, procuran estar
enterados de los del común…Cuando imaginamos algo bueno, tenemos por cierto que
consultarlo y razonar sobre ello no impide realizarlo bien, sino que conviene
discutir cómo se debe hacer la obra, antes de ponerla en ejecución”. [2]
En el
discurso anterior podemos constatar que la esencia de la democracia en la
antigüedad era la participación directa de los ciudadanos en el gobierno; que
cualquier ciudadano podía ser nombrado para un cargo público (normalmente se
hacía por sorteo) y que era menester discutir los proyectos públicos antes de
ponerlos en práctica.
La
evolución histórica de las sociedades llevó a su agrupamiento en estados, a la
concentración del poder y a su crecimiento cuantitativo, lo cual hizo
virtualmente imposible sostener la práctica de la democracia directa. Así, la
representación política absorbió el derecho natural de los ciudadanos todos a
participar en el gobierno. En ella se concentraron las facultades soberanas del
Estado – Nación. Sin embargo, durante varios siglos la democracia pasó a
segundo o tercer término como forma de
gobierno. Antes que la participación de los ciudadanos en las cuestiones
públicas, la primera conquista del parlamentarismo británico en el siglo XVII
fue la división o separación de poderes entre el rey, los notables y el pueblo
para el ejercicio de la potestad pública, la cual desde aquel entonces se
ejerce a través de representantes popularmente electos.
Ha sido
hasta la segunda mitad del siglo XX que la democracia ha adquirido un ritmo de
avance que parece incontenible en el mundo entero. No obstante, la democracia
representativa, si bien responde al reto del tamaño y características de
diferenciación de las sociedades actuales, no satisface el reclamo democrático
original de la autodeterminación política de la comunidad política, es decir,
el ideal de la igualdad política de todos los ciudadanos en la toma de
decisiones que a todos afectan de la misma manera. La autodeterminación
política no significa otra cosa que el que los ciudadanos de una determinada
comunidad puedan darse a sí mismos sus propias leyes.
No es
posible que en la actualidad el único espacio para la participación política de
los ciudadanos siga siendo la elección directa de gobernantes y representantes
cada cierto período de tiempo o, en algunos sistemas, el ejercicio
referendatario sobre ciertos asuntos de trascendencia nacional, también con una
calidad de eventual y de excepción.
La
democracia debe rescatar su sentido original de procedimiento incluyente para
la toma de decisiones de impacto colectivo por los miembros de la comunidad
política.
Lo
importante a destacar es que la deliberación consiste esencialmente en un
método para la toma de decisiones de impacto colectivo, a la par de la
votación, de la negociación y de otras formas, que involucra tres elementos
básicos:
a) la participación de
miembros iguales y libres de una determinada comunidad de intereses;
b) la discusión y la
argumentación racional sobre medios y fines de esa comunidad; y,
c) la modificación de las
preferencias iniciales de algunos miembros de esa comunidad como resultado de
la discusión.
Las
condiciones propicias para la deliberación son, entonces:
1) la igualdad de
oportunidades de participación de todos los miembros de esa comunidad o colectivo;
2) la información suficiente a
los participantes sobre el tema a debatir;
3) el respeto a las opiniones
divergentes y la discusión sobre bases de argumentación racional.
La
deliberación no excluye a otras formas de decisión colectiva como la votación o
la negociación. En cualquier sistema de gobierno conviven estas tres formas de
decisión, pero la deliberación se sitúa en prelación lógica dado su carácter
procedimental para la definición de los cursos a seguir. Sin una discusión
previa sobre las ventajas e inconvenientes de votar o de negociar sobre
determinado asunto difícilmente puede llegarse a un acuerdo aceptado por todos
los participantes.
La
votación tiene la enorme ventaja de su sencillez y velocidad para la toma
decisiones colectivas. Sin embargo, la votación tiene el grave inconveniente de
solamente agregar las preferencias individuales de los participantes aislados,
formando mayorías pero no consensos ni acuerdos. Además, el ámbito de alcance
de las votaciones es limitado en cuanto a la profundidad y complejidad del
asunto dirimido: se reduce a la selección entre opciones múltiples.
La
negociación tiene la ventaja de confrontar los intereses en pugna para salir de
un conflicto. No obstante, su bilateralidad y la óptica interesada de los
participantes no permiten arribar a consensos democráticos, sino a posiciones
de “ganador y perdedor” o a “tablas” en la contienda de intereses en pugna.
Finalmente,
la deliberación es el tipo de poder ciudadano que se ejerce con mayor
racionalidad y conocimiento de causa; confrontando puntos de vista diversos,
pero también alentando la identificación de coincidencias fuera de prejuicios y
concepciones previas que solamente se modifican con el intercambio creativo de
ópticas y preferencias por cada uno de los participantes en la discusión.
BENEFICIOS DEL MODELO DELIBERATIVO DE
DEMOCRACIA
- Innovación en la forma
de gobernar
- Mejoramiento
cualitativo del modo de formación de la voluntad y la opinión pública de
los ciudadanos.
- Termómetro más preciso
para medir el estado de opinión de una colectividad determinada.
- Educación democrática
a los ciudadanos que los hace revalorar el significado de la vida pública
y la política.
- Las medidas de
gobierno sometidas a deliberación previa adquieren una mayor legitimidad.
- Se autentifica la
participación política de los ciudadanos de una manera tangible en las
discusiones públicas.
- Se rescata un concepto
procedimental de soberanía popular, devolviendo a los ciudadanos un
derecho natural inalienable a la autodeterminación política.
- El modelo puede
mejorar la comunicación entre los ciudadanos y el gobierno, con la
justificación pública respectiva de demandas y políticas.
- Se aminoran los
peligros del elitismo y la partidización en las decisiones
gubernamentales, ahondando el proceso de democratización del sistema.
LOS TEMAS MÁS COMUNES OBJETO DE DELIBERACIÓN
Campañas políticas y
debates entre candidatos.
Reformas políticas,
económicas y sociales.
Modificaciones a la
Constitución.
Políticas públicas y
medidas de gobierno.
Proyectos de
infraestructura.
Problemas comunitarios
concretos.
Alrededor
de estos temas y problemas se puede tejer una red de deliberación que sustente
las decisiones políticas en la voluntad política de los ciudadanos, expresada
no simplemente a través de votaciones periódicas o referendatarias, sino por
medio de discusiones racionales, informadas y libres entre grupos de ciudadanos
ordinarios que no sustituyen a la representación política tradicional, sino que
la nutren de las legítimas demandas de la población gobernada. La democracia
deliberativa no riñe con la democracia representativa y electoral.
PRINCIPALES EXPONENTES DE LA DEMOCRACIA
DELIBERATIVA.-
1. Jon Elster, profesor del Departamento
de Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia y de la Universidad de
Liverpool, y prestigiado autor de libros de sociología, economía y política de
fama mundial y obligada consulta. INGLATERRA.
2.
Jürgen Habermas, filósofo alemán de la
Escuela de Frankfurt, autor de la Teoría de la Acción Comunicativa y uno de los
grandes impulsores de la política deliberativa a nivel mundial. ALEMANIA.
3. Joshua Cohen, profesor del Departamento
de Ciencias Políticas de Instituto Tecnológico de Massachussets MIT,
introducido de lleno en el tema de la deliberación racional. EUA.
4. James S. Fishkin, titular de la cátedra
Patterson - Banister de Gobierno, Leyes y Filosofía de la Universidad de Texas
en Austin, creador de los deliberative pools. EUA.
5. Bruce Ackermann, profesor de Leyes y
Ciencia Política de la Universidad de Yale, autor, junto con Fishkin, de la
propuesta de Fiesta Nacional de la Deliberación. EUA.
6. Amy Gutman, profesora de política en
el Centro de Valores Humanos de la Universidad de Princeton, autora de un
importante esquema teórico de análisis de la democracia deliberativa. EUA.
7. Dennis Thompson, profesor de Teoría
Política de la Universidad de Harvard, comparte el crédito con Amy Gutman de
haber logrado el esquema teórico de la democracia deliberativa. EUA.
8.
Helmut Willke, sociólogo funcionalista y
profesor de Sociología de la Universidad de Bielefeld, autor de una teoría
sobre sistemas corporativos de deliberación y de numerosas obras sobre el
Estado contemporáneo. ALEMANIA.
9. Cass R. Sunstein, profesor de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Chicago, con importantes contribuciones a la aplicación de la
democracia deliberativa a problemas concretos de disenso en la sociedades de
nuestros días.
10.
Philippe
Schmitter,
profesor de la Universidad de Florencia y autor de una propuesta de Asamblea
Deliberativa de Ciudadanos. LATINOAMERICA.
[1] Gutmann, Amy and
Thompson, Dennis; Why Deliberative
Democracy. Princeton University Press, United States of America, 2004; pp.
3 – 7.
[2] Cita tomada del discurso en loor de los muertos de
Pericles, registrado en la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides,
Libro II, capítulo XVII; Colección Sepan Cuantos, Editorial Porrúa, México,
1980; pp. 83 – 84.
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